En este viaje no solo aprendí lecciones relacionadas con la muerte, su contraparte, la vida, también me mostró dos lecciones:
La primera, no siempre es bueno tomar lo que uno quiere en el momento que uno quiere. Estoy hablando del momento en que todas las condiciones son propicias (lugar, alcance, costo, momento) para hacer algo.
¿Críptico?
Quizás con un ejemplo quede más claro, de hecho, es clásico para medir la ética de las personas:
A pesar de que te encuentres una maleta llena de dinero, no siempre es bueno quedarse con ella.
Recientemente he recuperado la confianza en mí mismo, es decir, ya no me tiemblan las piernas para dirigirle la palabra a cualquier clase de mujer, y me siento lo suficientemente capaz de gustarle a casi cualquiera...
Pero eso no quiere decir que puedo andar irresponsablemente siendo carismático y encantador con todas. Cuando tienen novio es mala idea hacerlo. Independientemente de la posible golpiza que me puedo llevar, ¿el güey qué culpa tiene?
Independientemente del hecho de que si la dama en cuestión lo cambia así como así no es buena señal del respeto al compromiso, si el hombre no puede retener su interés, es su culpa.
¿Pero qué culpa tiene de que yo sea un cabrón que se anda desempolvando y quiere practicar sus viejas técnicas de seducción?
Esa es la razón de por qué me contuve de bajarle la novia a uno de mis anfitriones. Hay otra... la verdadera y más profunda. Pero eso no me lo enseñó el viaje.
Lección dos: La coherencia es difícil. Demócrata sí soy, Misántropo de cierta manera, pero definitivamente soy Progresista, Post-keynesiano y Humanista (sí, ya sé que parece contradicción con la misantropía), en otras palabras, Izquierdista.
¿Y qué hay con ser Izquierdista y coherente?
Bueno, la diferencia entre izquierdas y derechas es, entre muchas cosas más, la redistribución de la riqueza. Mientras los Derechistas dicen que toda riqueza es propiedad de quien la genera, la Izquierda dice que es propiedad de la sociedad. Capitalismo y Comunismo.
Antes muerto que Comunista. De hecho, el Comunismo se me hace una de las peores ideas político-económicas de toda la historia. Y si soy anti-comunista, ¿cómo es que soy de izquierda?
Técnicamente, soy Izquierda Democrática. Es decir, lo más socialista de los capitalistas. Creo firmemente en que la educación y la correcta distribución del ingreso es mejor manera de dar seguridad interna a un país, por encima de las policías, toletes y equipos antimotines.
Y mientras no sea yo Ministro de Hacienda, Presidente o alguien que pueda corregir el desequilibrio en la distribución de la riqueza... lo hago a mi manera, con caridad.
Lecciones de pescadores aparte, creo en las bondades de la caridad DIRECTA (Teletón, Iglesia Católica y otras ONG’s disque pensando en los pobres reciben de mi parte mentadas de madre en lugar de dinero). Sacas de un apuro, puedes ver a los ojos a tu hermano necesitado, y una sonrisa amorosa aminora la pesadez del alma... tanto la mía como a quien estoy dándole dinero.
Y cuando quien te pide dinero es un niño que no tiene la manera de ocultar en su mirada el dolor y la desesperación, ya sea por frío, hambre o miedo al maltrato que le espera en casa si no lleva dinero.
Sea lo que sea, no es mi deber averiguarlo.
Pero lo que sí sentí como mi deber fue regresarme a donde vi el niño, llamarlo, y darle un billete de doscientos. Era un niño Purépecha, jodido con ganas... en medio del frío y con cara de angustia. Actuación o no, me conmovió... ya será su lección kármica lo que haga con el dinero que le dí. La mía es que si creo en algo, me conviene practicarlo...
lunes, noviembre 06, 2006
The Day of the Dead, Episode II
This was written by The Bridger around 5:41 p.m.
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